Blog de la Maestra Báez Rodríguez

La educación sentimental-Olga Nolla

La educación sentimental
Autora-Olga Nolla (puertorriqueña)


Primero me dijeron que

debía obedecer a mi padre y a mi madre.

Después me dijeron que dios existía

y que también debía obedecerlo,

que este mundo era un tránsito

hacia otro mundo mejor,

que en este mundo

había mucha gente mala que

maltrataba a las niñas,

que debía conservar mi posición aristocrática

y no mezclarme con toda clase de personas,

que debía comportarme en público,

con los modales de una perfecta señorita:

me enseñaron a organizar una comida sentada servida en bandejas de plata

a escoger el traje adecuado para cada ocasión

a discernir entre la vajilla francesa y la imitación barata

a juntar las piernas al sentarme

de modo que nunca se sospechara el nacimiento de los muslos.

El plan estaba trazado con una precisión matemática.

Debía escoger un hombre bueno como mi padre

que me protegiera de la maldad de mis semejantes,

un hombre que me hiciera posible

tener dos sirvientas por lo menos,

levantarme a las once de la mañana,

ir a Europa dos veces al año

y tener muchos hijos saludables

por quienes debía sacrificarme.

Sin embargo algo anda mal.

He cumplido mis instrucciones al pie de la letra;

Soy una señora respetable y pertenezco a grupos

que movilizan actos caritativos

Mis hijos están aprendiendo inglés

Doy unas fiestas que son la admiración y envidia

de los más prestigiosos círculos de la sociedad

Pero todas las noches

cuando me siento frente al espejo

para aplicarme los cosméticos de rigor

encuentro que mi cara huye despavorida

no puedo acordarme de cómo era mi boca

y el color de los ojos se me diluye entre las lágrimas

Mis orgasmos, que siempre han sido débiles,

son cada vez menos frecuentes,

y el caminar me cuesta trabajo.

Duermo mucho

no como casi nada

noto que algunas de mis amigas beben mucho wiski

Yo sólo quiero que me dejen acostar

y quedarme muy quieta

y no mover más nunca

ni un solo músculo del cuerpo.

Quedarme para siempre así,

mirando el vacío.

Después de todo,

tengo derecho.

He cumplido mis instrucciones al pie de la letra.


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